sábado, 28 de diciembre de 2013

Adiós 2013. Seguimos en el camino


Este año está acabando y este blog de apenas unos meses de vida y su creador, les agradecen las visitas, comentarios y lecturas que amablemente brindaron. Gracias por tomarse el tiempo para leer lo que aquí publico, los que lo hagan, y si les gustó pues rólenlo con sus amigos, novias, concuñas, sobrinas, sobrinos, concubinos, esposos, amantes y abuelos. Por mi parte, prometo que este espacio seguirá fiel a la promesa inicial de mantenerse visitable y, con todas las ganas de la vía láctea, interesante, porque eso justo intenta ser: un espacio donde se puede pasar el rato, en esos días que no se sabe qué hacer en internet o por mero placer de conocer un nuevo libro o película, ver un cortometraje, leer un reportaje o un cuento. “El reflejo y la sombra” seguirá con su programación normal y espero que con alguna sorpresa para este nuevo año, contando, por supuesto, con su atención y visitas. Muchas gracias. Seguimos en el camino. 



Les dejo un par de canciones: La primera del cantautor argentino Fito Páez, titulada Al lado del camino, una de mis rolas favoritas y la segunda, una canción típica escocesa que suele ser tocada justo para las fechas de navidad y año nuevo, titulada Auld Lang Syne, que viene a ser algo así como “Los viejos tiempos”. Una canción que es una carta de despedida al año que se va. Ojalá les gusten y disculpe la cursilería, amable público lector. Suerte. 

Fito Páez Al lado del camino 



Dougie McLean, Auld Lang Syne (no pongo la traducción, pero espero que la disfruten tal como está)



Nos leemos, pues. Fin del fin. Tan tán.


domingo, 22 de diciembre de 2013

De qué va el libro/IV: Federico en su balcón


Como todos saben, Carlos Fuentes murió el 2012 a causa de una hemorragia interna, dejando un gran vacío en el panorama de las letras mexicanas. El autor de clásicos como La muerte de Artemio Cruz (uno de mis libros favoritos), o el clásico La región más transparente, dejó su pluma para siempre sola.


Uno podría pensar que cuando un escritor muere, solo nos queda el legado que dejó tras de sí. La sensación un poco de vacío, al pensar que jamás volverás a leer algo nuevo suyo te asalta. Sin embargo, este no fue el caso. Afortunadamente, Fuentes dejó aún alguna novedad para seguir disfrutándolo más allá de las siempre placenteras relecturas de sus libros previos. Ese es el caso del protagonista de la entrada de hoy (y el último libro del año): Federico en su balcón, última obra del autor mexicano, publicado luego de su muerte. Una novela tan atemporal y tan poderosa en la historia que cuenta, reflejando el devenir de la cómica tragedia humana en la que reina la filosofía proclamada por Nietszche: El Eterno Retorno: Todo vuelve.



Desde sus balcones en el hotel Metropol, dos personajes conversan. Son nada menos que Federico Nietzsche, reencarnado, y otro personaje que en un momento dado se revela como Carlos Fuentes, aunque pudiendo ser cualquiera. Reflexionan acerca del poder, la lealtad, el amor, la responsabilidad y el control, mientras se cuentan fragmentos de una misma historia, en la que narran el inicio, el ascenso y la debacle de una revolución, liderada, en principio, por 3 amigos, llamados Saúl, Dante y Aarón, quienes toman las riendas contra un gobierno corrupto, represor, instalado en una “Dictadura perfecta” (cualquier parecido con la realidad política de México es totalmente intencional). La historia dura lo que dura el libro y más allá: Cuando ambos personajes dejen de conversar y vuelvan al interior de sus habitaciones de hotel, la historia volverá a comenzar.

Federico en su balcón esconde a plena luz una poderosa mexicanidad, que al mismo tiempo se siente como un testamento definitivo, en donde critica y utiliza el ambiente, la historia y la idiosincrasia de México, para ponerla en una anécdota que contiene temas tan controversiales como el poder y que resulta universal, pues es un ejercicio de reflexión del devenir humano social y político. La novela está dividida en 4 partes, cada una titulada con una corta frase del himno nacional mexicano. La selección de las frases podría decirse que se vincula con la fuerza o con el acento donde está puesto la evolución de la historia en ese apartado. La prosa de Fuentes es pesada por momentos, pero lúcida y bella, y la anécdota oscila, como ya apunté en la sinopsis, entre dos niveles de relato: La conversación entre Nietzsche y Fuentes (otro), primero, que es de donde parten la historia y las reflexiones que mueven lo que se cuenta; el segundo, la historia propiamente dicha de la revolución, desde su gestación hasta sus últimas consecuencias. Estas dos líneas narrativas se complementan e ilustran de una manera precisa, y no otorgan concesiones de tregua o sentimentalismo barato, ni en sus dilucidaciones ni en su tratamiento.

A medida que la novela avanza todo se vuelve más oscuro, más irónico, más amargo. El desfile de personajes y los conflictos que sobre ellos caen, se vuelven más pesados conforme las páginas pasan. Llega un momento en el que ninguna salida se ve fiable e incluso parece que no hay salida. Todos los eventos están calculados para mostrar que la experiencia humana se basa en la repetición, como apunta Nietzsche en su concepto del Eterno Retorno. De hecho, todo el libro es muy “nietzscheano” (perdonen la palabra, señores académicos); no solo el filósofo ocupa el protagonismo de la novela, sino también su pensamiento. En la revuelta armada, en sus líderes, Saúl, Aarón y Dante, en sus opositores y en los participantes, se encarnan las características inconfundibles del método del pensador alemán; ahí se encuentran su dureza, su tenacidad, su calamidad, su amoralidad, su elitismo, su ironía punzante; su visión donde no hay dioses, ni moral que no sea una opresión y una venda en el corazón, los ojos y el intelecto. Cuando el lector se percata de que la historia no ha mejorado y que no lo hará en lo que resta del libro, llega a ese punto en el que anticipa el final. Sin embargo, esto no importa mucho… porque todo se repite y lo seguirá haciendo eternamente: Eterno. Retorno. Eterno. Retorno. Todo vive una vez y muchas. Todo se va, pero regresa.

Federico en su balcón es una poderosa, y al mismo tiempo discreta historia acerca de la espiral que es la historia humana; y nada mejor para ejemplificarlo que un proceso social tan violento e interesante, que halla su causa y finalidad en la destrucción de la verdad que gobierna, para cambiarla: una revolución. En este libro se representa claramente aquella frase acuñada por el mismo Carlos Fuentes, que reza así: “Las revoluciones las hacen hombres de carne y hueso y no los santos, y todas terminan por crear una nueva casta privilegiada”; Federico en su balcón, con sus ojos de duda, mira la revuelta que (no) ocurre por debajo de él, mientras corrobora aquella frase que dicta que se muere siendo un héroe, o se vive lo suficiente para convertirse en el villano. Un libro que no se pueden perder. 

Muchas gracias por leer. Hoy y todo el año. Saludos. 


lunes, 16 de diciembre de 2013

De qué va la película/IX: El Hobbit: La desolación de Smaug


A un año de haber presentado la primera parte de su trilogía épica basada en la novela de Tolkien El Hobbit, Peter Jackson vuelve a la carga con la segunda parte titulada El Hobbit: La desolación de Smaug, que, sin duda, es mejor que su predecesora. Esta se siente más segura de sí misma y logra mantener interesada a su audiencia al lograr muy buenas secuencias de acción y emoción. Sin embargo, sus virtudes son, al mismo tiempo, sus defectos.



Esta secuela continúa el viaje emprendido por el hobbit Bilbo Bolsón y los 13 enanos liderados por Thorin Escudo de Roble, heredero al trono del reino de Erebor, para retomar su imperio perdido. En su camino tendrán que hacer frente a varias amenazas y contratiempos que los desvían de su viaje, incluyendo a Smaug, el temible dragón que acecha dormido en el reino bajo la montaña.

El Hobbit: La desolación de Smaug, es, como ya apunto en el párrafo inicial, mejor que su antecesora. Es mejor en las escenas de acción, que resultan divertidas, fluidas e impecablemente dirigidas. Una secuencia que tiene lugar durante una persecución en un río es un gran ejemplo de ello: Las batallas están muy bien coreografiadas. Es mejor en el tratamiento de sus personajes; ahora si se puede conectar más con ellos, interesarse de verdad por su empresa, y temerles, en el caso de los villanos. Hasta hay un conato de historia de amor, que queda poco desarrollada y por momentos hasta se siente improbable. Al querer darles más profundidad y protagonismo a los personajes secundarios, también los metieron en tramas que parecen callejones que no llevan a ninguna parte, sin embargo, qué diablos, se entiende lo que quisieron hacer. Eso no es justificación para defenderlo, pero vamos: esto es un blockbuster y hay que entenderlo como tal.

También es mejor en cuanto a ritmo, pues esta segunda parte sostiene muy bien su trama llevándola amena y entretenida por las tres horas de duración de la cinta, que no se sienten pasar. A pesar de ello, y si se está atento, en esto mismo se nota el principal aspecto negativo del que sufre la historia: Está demasiado estirada. Se notan las situaciones de relleno; la tranquilidad narrativa, en una gran cantidad de veces, no es para profundizar en los temas, sino que es un recurso para llenar las tres horas. Y es entendible, un texto que apenas llega a las 300 hojas no da para nueve horas de metraje dividido en 3 partes. Salí de la función preguntándome qué obsesión tiene Peter Jackson por tratar de hacer que sus filmes duren tanto y por darle a esta nueva trilogía el mismo tratamiento que le dio al Señor de los anillos (esa sí, una obra monumental).

Por otra parte, los efectos especiales son tanto maravillosos como excesivos; el uso y abuso del CGI tiene muchos momentos de poca efectividad narrativa y molestia visual. La saturación de pantallas verdes es notable en muchas secuencias. Por otra parte, los prodigios que permite tienen su clímax en la criatura que le da título a la película: el dragón Smaug. Su grande y estilizada figura se mueve pesada y ágil a partes iguales. El diseño es impecable, temible, y más al adherirle la profunda voz del actor Benedict Cumberbatch, que lo dota de una personalidad imponente. A pesar de sus deficiencias como personaje y las incoherencias que presenta, Smaug se roba el último tramo de la película.

En conclusión, El Hobbit: La desolación de Smaug, es un entretenido blockbuster que adolece de sus virtudes y viceversa. Si uno entra a la sala dispuesto a ver una buena aventura épica, ligera en su ostentosidad, no solo saldrá nada defraudado, sino hasta emocionado por el cliffhanger final que promete una tercera parte emocionante y plagada de acción. Peter Jackson conoce este universo: y se nota. 


Título: El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: Desolation of Smaug)
Dirección: Peter Jackson
País: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto:  Martin FreemanIan McKellen, Ian Holm, Christopher Lee,Mikael Persbrandt, Sylvester McCoy
Duración: 161 min

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ni largos ni medios: Cortos/I: Plastic Bag


Uno de los primeros lugares que visité fue una sala de cine. El lenguaje cinematográfico me ha acompañado toda la vida, por lo que puedo decir que ver películas es una de mis grandes aficiones. De todo tipo y género: comedia, drama, terror, cine negro, denuncia, suspenso… lo que sea lo consumo. Películas buenas y malas, peores y obras maestras, comerciales o salidas de debajo de una piedra. Me fascina ver historias a través de una cámara; todo lo que la vida es, presentada en la forma de la más bella mentira; en la forma de los sueños (bien ya lo dijo Luis Eduardo Aute: los sueños, cine son).

Por tanto, declaro inaugurada esta nueva sección del blog en la que comenzaré a compartirles cortometrajes de toda índole, pues hay muchas cosas muy buenas rondando por ahí como para ignorarlas. El corto que protagonizará la primera entrada de esta nueva sección, se titula Plastic Bag. En él, una bolsa de plástico (si, leyeron bien: una bolsa de plástico, como las que todos compramos en los supermercados) narra su viaje para conocer a su creador, a través de numerosos paisajes (que comprenden un basurero, praderas, paisajes desérticos y hasta el fondo del mar), y un argumento de corte algo existencialista, que raya tanto en lo absurdo como en lo verdaderamente conmovedor. Una travesía que no pueden perderse.

Tómense 17 minutos de su vida y disfruten de este cortometraje espléndidamente dirigido y narrado por el director alemán Werner Herzog. Pongo la versión subtitulada. Ojalá les agrade.


Plastic Bag






Como bonus (y para darle música a esta nueva sección), les dejo la rola que menciono de Luis Eduardo Aute: Cine cine. Gracias por leer.



Tan tán. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

De qué va la película/VIII: Club Sándwich


A 5 años de haber presentado Lake Tahoe (2008) (la travesía de un joven que va en busca de una refacción para su auto mientras carga con la tristeza de haber perdido a su padre), el director mexicano Fernando Eimbcke (que es mi director mexicano actual favorito, por cierto) vuelve a la carga una vez más para traernos su tercer proyecto fílmico, en el que vuelve a abordar el tema de la transición a la madurez, tocando sus temas ya conocidos, la adolescencia y la sexualidad: Club Sándwich.


Paloma (Maria Reneé Prudencio), una madre soltera, y su hijo de quince años, Héctor (Lucio Giménez Cacho), mantienen una relación muy especial, pues en el proceso de afrontar solos la vida se han vuelto un buen par de amigos. Cuando pasan unas vacaciones en la costa, Héctor conoce a Jazmín (Danae Reynaud), una adolescente con la que descubre los primeros destellos del amor y el sexo. Tratando de mantener a Héctor cerca de ella, Paloma pasa un mal trago cuando tiene que aceptar que su hijo está creciendo y que dejará de ser el mismo mejor amigo que ha tenido durante todos estos años.

Con base en este argumento, Eimbcke nos otorga un relato sencillo, de tono parsimonioso con ciertos toques de comedia, ya usuales en su corta pero sólida obra. En Club Sándwich se nos presentan evidentes situaciones en las que se encuentran ambos personajes, madre e hijo: Ella busca alguien con quien pasar el tiempo, alguien que la acompañe sin miramientos ni juicios, que esté a su lado; él, por su parte, quiere tiempo solo, ya siente la necesidad de caminar por su propio camino y está claro que, de haber alguien con él, no imagina a su madre. Sus intereses no marchan juntos en horario, sino todo lo contrario; Héctor encuentra en Jazmín aquella compañera con la que puede descubrir y disfrutar todos los cambios que está sintiendo, pues la ve en la misma situación que él. Ambos buscan el tiempo a solas para untarse bronceador y tocarse debajo de la ropa interior, ambos tratan de huir de sus dinámicas familiares usuales. Sin embargo, ahí está también Paloma, su madre, que ve con angustia cómo su hijo se va. 

La puesta en escena de Eimbcke es sobria, funcional, sin mayores pretensiones estilísticas, basada en encuadres fijos, donde podemos apreciar lo que todos los personajes en pantalla hacen y ligeros movimientos de cámara. Al mismo tiempo, esta película bien podría ser la culminación de una etapa en su filmografía, pues a pesar de ser un buen filme (aunque no el mejor), su estilo parece ya algo repetitivo y deslavado para otro proyecto. En este sentido, por momentos, uno como espectador tiene la sensación de estar viendo otra vez Temporada de patos (2004) o Lake Tahoe. En su cuarta película bien podría intentar hacer algo distinto, dejando estas anteriores como una sólida (aparente) trilogía.

Club Sándwich esboza los albores de un proceso por el que toda persona pasa: la madurez, las ganas de volar del seno materno/familiar, y el inevitable sentimiento de pérdida que esto conlleva (obviamente no por parte de quien se va, o no mayoritariamente). Paloma tiene que comprender que Héctor se irá, muy a su pesar, y que no puede detenerlo. Solo puede darle un beso en la frente, para que él sepa que lo quiere, y dejar que salga por la puerta en busca de Jazmín, o de la chica que haya elegido… En busca de su vida. 

Aquí les dejo el trailer:





Director: Fernando Eimbcke.
País: México
Año: 2013
Actúan: María Renée Prudencio, Lucio Giménez Cacho, Danae Reynaud
Duración: 82 mins.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Textos/VIII: Final


Todo cae y muere,
como las hojas en Otoño,
al frío asfalto del olvido;
todos pasan por encima, las pisan o las echan a un lado,
son hojas muertas, que vivieron algún día,
pero hoy se apilan, bajo el árbol que les dio vida.

Así acaba todo,
se va secando poco a poco;
sin prisas ni pausas, se va volviendo poroso,
absorbe las aguas que lo diluyeron;
desgastado, se hincha de aquello que mata,
e incapaz de moverse, solo se queda. Y espera.

La miseria, lenta agonía
que infecta como un cáncer, que se extiende
como la hiedra y no conoce límite;
no puedes suplicarle, pues es sorda,
no puedes demostrarle, pues ojos no tiene;
solo tiene puños, y una sonrisa sin dientes.

Poco queda después
bajo los escombros, solo humo y polvo
se divisan tras el terremoto;
las vigas son pesadas para levantarlas solo.
Y así comienza la decepción. Y así comienza la soledad;
el andar eterno del triste peregrino.

En silencio, va llegando el ocaso,
las flores se cierran, todo duerme. Quizás no despierte;
mañana habrá sol de nuevo, o eso nos prometen;
nadie sabe realmente si se iluminará el Oriente.
Mientras tanto, la oscuridad se adueña de cada rincón;
Y así, también la luz, cae y muere.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Cuentos memorables/IV: Sea por Dios y venga más!


Un día mi papá llegó a casa con un número de la colección de libros “Para leer de boleto en el metro” (que formaban parte de una iniciativa de promoción de la lectura que posteriormente fracasó, dado que las personas no regresaban los libros y porque en nuestro país se lee muy poco, entre otras cosas, pero eso es otra historia), muy emocionado por el descubrimiento de una historia que estaba en las páginas de ese libro. La leyó en voz alta para todos y yo terminé igual de encantado con ella, inscribiéndola entre mis cuentos memorables.


Se llamaba Sea por Dios y venga más! De Laura Esquivel, y es la historia que hoy les voy a compartir.



Laura Esquivel nació el 30 de septiembre de 1950 en la Ciudad de México. Comenzó su carrera como maestra y guionista de cine, actividad en la que ha obtenido diversos premios. Desde finales de los setenta escribe guiones de programas infantiles para el Canal Once. En 1985 incursiona en el medio cinematográfico con el guión de la película Chido One, El Tacos de Oro que, en 1987, obtiene una nominación al Oscar por parte de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos. En 1989 publica Como agua para chocolate, su primera novela, con un éxito mundial impresionante. La famosa historia que entremezcla amor y recetas de cocina ha sido traducida a 36 idiomas y permaneció por más de un año en la lista de best sellers del New York Times, al vender, sólo en Estados Unidos, más de tres millones de ejemplares, y otros tantos en español en el resto del mundo, convirtiéndose en una de las escritoras mexicanas más importantes de su generación. Fue la primera autora extranjera en ser premiada con el American Booksellers Book of the Year en 1994.*

En el cuento que protagoniza esta entrada, una mujer, cuyo nombre nunca sabemos, accede a la petición de su esposo, el machista Apolonio (él si tiene nombre), de que lo deje tener una amante de planta, la joven Adela, a quien conoce desde chica. Luego de un tiempo, Apolonio comienza a llegar tarde a casa, a comprarle cosas a Adela que a su esposa nunca le compró, a llevarla a bailar cuando a ella nunca la llevó. Esto provoca que la protagonista comience a sentirse desplazada, sentimiento que la llevará hasta las consecuencias más terribles.

Sea por Dios y venga más! está contenido en el libro de cuentos Íntimas suculencias. Es una historia brutal, no obstante de estar contada en tono de comedia. El hecho que retrata es una reflexión acerca de la posición de la mujer en una sociedad tan fuertemente machista como la mexicana. Se da cuenta de cómo la mujer se encuentra en una posición de víctima y donde el victimario es la misma persona con la que comparte techo. Es un retrato terrible de la opresión y la sumisión, que invita a pensar la condición social en la que nos encontramos y considerarla como nociva. No solo para las mujeres, sino para todos. 

A continuación, les dejo un fragmento del cuento. 

“Toda la culpa de mis desgracias la tiene la Chole. Apolonio es inocente, digan lo que digan. Lo que pasa es que nadie lo comprende. Si de vez en cuando me pegaba era porque yo lo hacía desesperar y no porque fuera mala persona. Él siempre me quiso. A su manera, pero me quiso. Nadie me va a convencer de que no. Si tanto hizo para que aceptara a su amante, era porque me quería.

Él no tenía ninguna necesidad de habérmelo dicho. Bien la podía haber tenido a escondidas, pero dice que le dio miedo que yo me enterará por ahí de sus andanzas y que lo fuera a dejar. Él no soportaba la idea de perderme porque yo era la única que lo comprendía. Mis vecinas pueden decir misa, pero a ver, ¿quiénes de sus maridos les cuentan la bola de amantes que tienen regadas por ahí? ¡Ninguno! No, si el único honesto es mi Apolonio. El único que me cuida. El único que se preocupa por mí. Con esto del sida, es bien peligroso que los maridos anden de cuzcos, por eso, en lugar de andar con muchas decidió sacrificarse y tener sólo una amante de planta. Así no me arriesgaba al contagio de la enfermedad. ¡Eso es amor y no chingaderas! ¡Pero ellas qué van a saber! […]”

Aqui, el texto completo:


Saludos y comenten si la entrada les gusto. Tan tán.

*Datos de la autora obtenidos de:

--Biografía, Laura Esquivel. Disponible en [http://lauraesquivel.com.mx/biografia.html] Consultada el día 27 de octubre de 2013
--Laura Esquivel, biografía. Disponible en [http://www.puntodelectura.com/es/autor/laura-esquivel-1/] Consultada el día 27 de octubre de 2013


sábado, 19 de octubre de 2013

De qué va la película/VII: Gravedad


Pantalla en negro. Letras blancas aparecen, advirtiéndonos, entre otras cosas:

En el espacio no hay oxígeno.
No hay gravedad
Nada trasmite el sonido.
La vida en el espacio es imposible.

Aparece el título: GRAVEDAD. Un sonido inquietante comienza a elevarse hasta que alcanza un volumen alto, muy alto, y cuando parece ser insoportable… Corte abrupto al silencio y vemos la tierra, majestuosa.


En ese momento pensé: Estoy a punto de ver una gran película. Y no me equivoqué.


Gravedad, demuestra que Alfonso Cuarón ha llegado a la madurez como cineasta. Si bien yo no cuento a Niños del hombre como un filme de mi agrado, es cierto que en él ya demostraba con notable vigor una gran destreza técnica y narrativa. Sin embargo, es en esta odisea espacial donde su sello adquiere dimensiones superiores.

La premisa es sencilla: La estación espacial donde trabajan la Dr. Ryan Stone (gran Sandra Bullock, sosteniendo impecablemente la película) y Matt Kowalsky (un adecuado George Clooney, que provee el sentimiento de seguridad, compañía y distensión en la historia), es golpeada por basura espacial, provocando que la doctora Ryan se suelte de la estructura y comience la odisea de tratar de volver a la seguridad y, de ser posible, al planeta.

Los logros técnicos de filmación, fotografía y sonido son insoslayables. La película inicia con un plano-secuencia impecablemente planeado de 13 minutos de duración, donde la cámara entra y sale, se aleja y se acerca, hasta que capta el momento desesperante del incidente; Sandra Bullock como un punto blanco alejándose en un fondo totalmente oscuro que se antoja infinito. Genuinamente aterrador. Minutos después, otro plano-secuencia bellamente filmado se vuelve un stablishing shot, luego un close up, luego un plano subjetivo y hasta un travelling. Recuerdo el plano-secuencia de Niños del hombre y, aunque aquel ya era increíble, estos son definitivamente superiores. (Mención especial para el momento en el que la doctora entra en la Soyuz; su posición fetal es una toma milimétricamente planeada. Bellísima).

Presten especial atención al sonido. Los silencios son imprescindibles. No escuchamos el impacto de la basura espacial contra las estructuras. No obstante, son ruidosas. El espacio grita en su silencio.

La música es adecuada, acompaña a las escenas perfectamente, entrando en momentos clave, los de más tensión. Aviven sus oídos, que los necesitarán.

En cuanto a Emanuel Lubezki, quiero decir que se ha superado sí mismo. El manejo de la luz es sencillamente impecable. La tomas de la tierra captan su belleza y nos la muestran inmensa, majestuosa en su aura azul. Resplandece. Gravedad posee unos de los mejores y más realistas gráficos del espacio que he visto en mucho tiempo. No creo que un premio sea necesariamente índice de la superioridad de algún producto, sin embargo sería un crimen que Lubezki no estuviera nominado para un oscar, o cualquier otra condecoración. La fotografía es majestuosa.

Sin duda estamos ante una gran película. Una obra que expone madurez y dedicación. Nos demuestra como un entorno donde aparentemente “nada” te puede herir, resulta agresivo y desesperante. La nada es claustrofóbica en su inmensidad. Y eso lleva a que nos percatemos de que la búsqueda de la gravedad, justamente, es el centro de todo; no solo la física, la de la tierra, la que atrae tu cuerpo al suelo y te permite moverte libremente, también la emocional. Esa fuerza que Ryan Stone ha perdido, la de atraer personas constituyendo ella misma un sol. La gravedad, irónicamente, es la gran ausente.

Gravedad da cuenta de un caos bellísimo, del drama humano y demuestra que la nada y la lejanía son pesadas, que no hay laberinto más terrible que aquel que no tiene pasadizos (como el cuento de Borges)*. Cuarón toca temas universales. Ryan Stone es como un feto en su líquido amniótico, segura en su pequeño espacio flotante… pero sola. Sin una vida. Necesita renacer, sentir la gravedad atrayéndola al suelo; necesita pisar la tierra y usar sus piernas, aunque estas sean débiles. Luego encontrarán la fuerza.

Título: Gravity
Dirige: Alfonso Cuarón
Producción: Estados Unidos, Reino Unido
Actúan: George Clooney, Sandra Bullock, Ed Harris, Paul Sharma
Guión: Alfonso Cuarón, Jonás Cuarón
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Duración: 90 min.
Año: 2013

*Los dos reyes y los dos laberintos, contenido en el libro de cuentos El aleph


sábado, 12 de octubre de 2013

De qué va la película/VI: Sunshine, el amanecer de un siglo


Si alguna palabra puede describir a la película del director húngaro, Istvan Szabo, esa sería, sin duda, “ambiciosa”. Sunshine es una película grande; grande en contenido, en manufactura y en extensión. No debe ser fácil dirigir una película épica de tres horas de duración, que abarca prácticamente cien años de la historia de un país y tres generaciones de una misma familia; Y la dificultad se nota. 



Haciendo un recorrido histórico a través de la trayectoria de tres miembros de una familia judía, padre, hijo y nieto (interpretados por el mismo actor, un impecable Ralph Fiennes que logra dotar de una personalidad propia a cada personaje, a pesar de sus notables similitudes de carácter), la película da cuenta de las duras condiciones de vida durante el siglo XX, no solo para los judíos, sino para toda Europa. A través del caso particular de la familia Sors (antes llamada Sonnenschein), el panorama mundial se despliega antes nuestros ojos, haciéndonos testigos, como indica el subtitulo, del amanecer de un siglo.

De esta forma, al inicio, se da cuenta de la Primera Guerra Mundial, con la historia de Ignatz Sonnenschein, quien luego de sobreponerse al fuerte antisemitismo logra convertirse en Juez, no sin antes cambiar su apellido a Sors, para “hacerlo más húngaro”. En este fragmento ocurren las rupturas: la global, con el mundo en guerra, y la local en el núcleo mismo de la familia: con ese cambio de nombre, se pierde simbólicamente la tradición judía que el padre de Ignatz tanto procuraba y que no será recuperada sino hasta el final, es decir, en más de ochenta años. Aquello que daba identidad a la familia y era su rasgo distintivo, se pierde por las presiones del entorno. La cohesión se ha quebrado. De ahora en adelante será la historia de una familia que busca integrarse adecuadamente al territorio donde viven; un lugar en el que saben y sienten, nunca serán aceptados.

Se llega entonces a la historia de Adam Sors, hijo de Ignatz. Esta vez, el periodo cubre de los años treinta hasta fines de la Segunda Guerra Mundial. Adam es un destacado esgrimista que participa en las olimpiadas de 1936, ganando la competencia mundial. Sin embargo, esto no lo salva de la cacería emprendida contra los judíos por el régimen nazi. Adam Sors muere en un campo de concentración, congelado (en una escena genuinamente escalofriante, maravillosamente lograda), ante la mirada atónita de su hijo, Iván, el narrador de la película y protagonista del tercio final, quien al crecer se desenvuelve como oficial en el comunismo estalinista.

Si bien tachar a algo o a alguien de “ambicioso” tiene connotaciones positivas (la más de las veces), en este caso es un arma de doble filo. Y es que el director Istvan quizo abarcar tantas cosas, que al final no parece abordar ninguna con la profundidad que parece buscar. En las tres generaciones de Sors, vemos un intento constante por agradarle al sistema, de volverse parte de él; quizás así terminarán siendo aceptados. Pero eso nunca ocurre. De ahí el mensaje final: acéptate como eres, busca tus raíces y asienta bien tu identidad. 

La ambición de Sunshine tampoco sobrevive más allá de la hora y media de la película. Luego de ese tiempo, el ritmo se va aletargando y la agilidad lograda en el primer segmento y pasada la mitad del segundo, solo ha dejado vestigios. Sin embargo, la espléndida actuación de Fiennes (y del resto del reparto, muy cumplidor) salva el tercer acto del metraje.

Esta no es una historia de malos contra buenos, la historia va más allá. La pasión y el desgarro abundan; los dilemas morales, la dificultad de las decisiones. Sunshine  es, definitivamente, una película con mucha substancia. Si Szabo no hubiera sido tan ambicioso, quizá sería un filme más profundo aún; tal vez abarcaría menos, pero llegaría más lejos en su tratamiento de los temas. Sunshine se queda a medio camino de ser una extraordinaria película, pero sin duda, vale la pena invertir tres horas para ver tres vidas. Todas tienen algo que decir.

Director: Istvan Szabo
Origen: Hungría, Alemania, Canadá, Austria. 1999
Duración: 180 min.
Protagonistas: Ralph Fiennes, Rosemary Harris, Jennifer Ehle, Rachel Weisz, Deborah Unger, Molly Parker, John Neville, James Frain, William Hurt.

viernes, 4 de octubre de 2013

Textos/VII: Cerca el fin


De que forma se agota este mundo,
con la prisa mortal del que nada espera,
a que acabe el desfile de muertos, que se divise el último,
para integrarse a la caravana,
para revolcarse entre cenizas y humo.

Cada latido es un disparo al pechoc
cada respiración, un aliento de muerte;
gritos sordos, gemidos mudos;
ojos rojos, ciegos, cansados de mirar al sol,
Buscan la penumbra, el descanso en la sombra.

Lágrimas que mojan las heridas sangrantes,
perros con sarna custodiando fielmente un pedazo de carbón,
porque un diamante en potencia hay en su interior;
perdedores luchando, avivando glorias vacías;
vidrios rotos, ventanas abiertas, puertas sin tirador.

De que forma se agota este mundo,
Dios se quedó dormido -como dijo el poeta-,
derramó la tinta sobre el texto:
ya no se lee nada, todo quedó ennegrecido:
ya no se entiende nada, perdió sentido.
Despierta, Diosmio.






*Pintura “El mundo de Cristina”, de Andrew Wyeth. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

De qué va el libro/III: Corazón enfermo


Si no fuera por la mujer con la que hoy comparto los días, seguramente jamás hubiera conocido o leído el libro que hoy voy a recomendarles. Uno es muy pretencioso como para dar con estos productos. Debo aprender de ello. Y es que a ella le encanta leer cosas que nadie más lee. Puede ver en una estantería miles de títulos y seguramente tomará el menos visible, seguramente comprará el libro que menos se espera.  

Entre los títulos de su atípica y extensa biblioteca está el protagonista de hoy: Corazón enfermo. Si les atraen las historias de personajes rotos, relaciones enfermizas y asesinatos, lean esta entrada; puede interesarles.


El detective Archie Sheridan es llamado para detener a un homicida y violador de adolescentes, después de haberse dado una pausa laboral de 2 años, debido a los traumáticos eventos de la tortura propinada por Gretchen Lowell, una bella y sádica mujer a la que llevaba persiguiendo 10 años. En la resolución del nuevo caso, el adicto a las pastillas y obsesionado con su pasado, tendrá enfrente de él la decisión final: seguir conservando los fantasmas u olvidarlos de una vez por todas y comenzar de nuevo.

El libro es, en realidad, sencillo en su trama. La principal, que es la que ocurre en tiempo actual, realmente va desenvolviéndose paso a paso, a veces lenta, pero nunca deja de ser interesante, a mi juicio. Sin embargo, a lo largo de la novela se van alternando flashbacks que cuentan con lujo de detalle las torturas (no aptas para personas sensibles) a las que es sometido el protagonista, un ser oscuro, grave; Archie Sheridan es de los personajes más rotos que he encontrado en las letras. Y es que la relación que sostiene con su captora, estando a su merced, atado a una plancha con clavos en las costillas, no es la típica relación de secuestrador-secuestrado. Hay algo más, algo que echa raíces… pero es una raíz venenosa. Aún después de ser liberado, ese sentimiento enfermo que lo ata a Gretchen no se rompe, se tensa, incluso. Archie no olvida a esa mujer cuya belleza es proporcional a su crueldad (como una dato, cuando la serie de The Following comenzó, el protagonista, interpretado por Kevin Bacon, me recordó mucho al protagonista del libro. Para que se den una idea si han visto la serie).

Tal vez al principio no es tan fácil simpatizar con los personajes, pero conforme la novela avanza, se les va entendiendo. No diría que son personajes especialmente carismáticos, pero están bien trazados y su psicología resulta interesante. Por otra parte, la historia está narrada de una forma sencilla, por parte de un narrador extradiegético; no cansa y se termina de leer en poco tiempo. Una buena historia que vale la pena conocer.

Con el slogan de “Puedes enamorarte de tu asesina?” en la contraportada, Corazón enfermo es un libro recomendable. Échenle un ojo, si pueden, no se arrepentirán. Y si lo hacen, bueno, ya saben a quién echarle la culpa por recomendarlo. Un fragmento, pa que entren en calor:

“[…] Ve cómo aparta la sábana blanca que lo cubre, dejando su pecho al descubierto, y se da cuenta de que está desnudo. No le invade ningún sentimiento de vergüenza. Es un hecho. Simplemente. Ella pone la palma de sumano sobre su esternón. Él sabe lo que eso significa. Ha memorizado las fotos de los crímenes, las abrasiones y las quemaduras en el torso. Es parte del perfil, una de sus firmas.

—¿Sabes qué viene ahora? —le pregunta, sabiendo que él es consciente de ello.

Necesita hablar con ella. Ganar tiempo. Emite un sonido ahogado a través de la cinta adhesiva y hace un gesto, indicando que se la quite. Ella le pone un dedo sobre los labios y niega con la cabeza.

—Todavía no —le dice con suavidad, y vuelve a preguntarle, algo más secamente—: ¿Sabes lo que viene ahora?

Él asiente.
Ella sonríe, complacida.

—Por eso he preparado algo especial para ti, querido.

Detrás de ella hay una bandeja de instrumental. Se gira y agarra algo de ella. Un martillo y un clavo. «Interesante», piensa, sorprendido por su habilidad para distanciarse de sí mismo y permanecer como un observador clínico. Hasta ahora las víctimas parecían haber sido elegidas al azar, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, pero las heridas en el torso, aunque habían evolucionado, eran notablemente consistentes. Pero nunca había usado clavos hasta ese momento.
Ella parece satisfecha.

—Supuse que te agradaría algo de variedad.

Deja que la punta de sus dedos tamborilee sobre su pecho hasta encontrar la costilla que busca, y entonces coloca la punta del clavo sobre la piel y deja caer el martillo con fuerza. Él siente el chasquido de su costilla al romperse y vuelve a ahogarse. Su pecho arde de dolor. Lucha por respirar. Le lloran los ojos. Ella enjuga una lágrima de sus mejillas enrojecidas, acaricia su pelo y luego busca otra costilla para repetir el proceso. Una y otra vez. […]”

¿Extremo, no? Ojalá les agrade. Sigan visitando el blog y comenten, me agrada saber lo que piensan. Saludos.

Tan tan.